¡México lindo y querido! Retorno.

    Después de casi 2 años vagando por nuestra mayúscula Sudamérica como una vez la relato Guevara en su diario, vuelvo a México muy contenta de ver a los míos, amigos y disfrutar de los rincones que México sabe dar.

     En el aeropuerto de la Ciudad de México me recibe mi amigo Jesús con una torta cargada de calorías que no me importa que tan mala es para la salud. Mi travesía de abandonar Sudamérica no acababa tomando un taxi ¡NO! me había dado una horrible fiebre y dolor de garganta por 5 días a puro té de limón con jengibre (medicina mochilera). Me comí los últimos anticuchos, la última inca cola y todo lo que tenía que ser lo último que probaría por esos lares. Tome el bus para el aeropuerto de Lima, Jorge Chaves y esperé impaciente el vuelo de las 6 de la tarde hora del Perú. En la sala de espera, recordaba lo rápido que habían pasado esos 2 años, las caras que conocí y el amor que cada una de ellas me dio durante mi presencia. Subí al avión y disfruté ese atardecer del pacifico y las nubes que parecían montañas en los cielos.

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Tapijulapa, Tabasco.

Recordé las veces que estaba en la ruta esperando un carro y me llevará, recordé las veces que no tenía plata pero de comer nunca me falto, del frío, del calor y la lluvia; ahora, son anécdotas que cualquiera que quiera escucharla se las haré contar. Sudamérica me dejo herencia, sí, me dejo “un acento” y es que desde que estoy en tierras mexicanas tengo marcada cada palabra de aquellos países que me dieron alegría sin preguntarme ¿quién era? Llevo los recuerdos tan vivo en mi memoria y corazón que algo me dice que mi lugar esta allá, en el sur. Como dijera la canción de las “simples cosas” uno vuelve a los sitios donde fue feliz.

     Cuando abrí la sabrita de rancheritos, probar la golosina de infancia los ojos se me llenaron de agua como cascadas, me supo como estar en casa, la mayoría que íbamos en el avión eran mexicanos, volver a escuchar mi acento de cuna era tan confortable. El sello de migración mexicano fue el comienzo de una nueva aventura pero ahora en casa pues, aún tengo fuerza, pies y ganas de seguir recorriendo el mundo.

 

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Cabeza Olmeca

Hoy, 20 días de haber llegado a México me doy cuenta que no me he perdido nada algunas cosas siguen igual, peor o ya no existen más. En algo estoy decepcionada y no es en mi país sino en la GENTE. Tenía tantas ganas de volver a Tabasco para ver a mi familia y amigos pero creo que no ha sido la mejor de las bienvenidas. Después de 2 años conocí a mi único sobrino que mi deber como tía es darle amor, mi madre con los mismos discursos de toda la vida, los mismo problemas, mis hermanos son un punto. Mis amigos ¡no sé si lo son! Creo que conocí a los mejores y leales amigos en la ruta y no tuve que tomarme el tiempo para conocerlos, me basto una sonrisa, conversa y un par de vinos y cervezas para tener la certeza de que ellos son.

     Volví artesana y hablo con la verdad ¡eso es fatal! mis amigos se burlan de este oficio incluso, me llaman hippie con perjuicio. Ellos, exitosos profesionistas, con buen empleo, buen sueldo (no estoy segura), con familia, comodidades y más. ¿Qué tiene de malo escoger el oficio que te haga feliz, sin tener de ostentar tanto incluso aparentar? Yo estoy plena con lo que soy y seré, me siento contenta que ellos hayan encontrado su plenitud de esta manera pero no quiero ser una más de aquello que la sociedad quiere que seamos ¡no!

Decepcionada de la envidia y la mente cerrada que ahora puedo percibir, los artesanos regionales no saben compartir un lugar, le temen a la novedad o no sé a que pero ¿Por qué no enseñar y aprender del otro? Tuve el privilegio de trabajar en las mejores avenidas y ciudades de Sudamérica; Avenida paulista, San Telmo, Patagonia chilena, Cuzco, Arequipa, Punta del este y así… Esto es una plaza más.

     Estoy contenta de mi retorno a casa, la comida que tanto extrañaba, manejar la plata mexicana que ahora solo pienso en dólares y conversiones, el picante, los antojitos que los añoraba,los paisajes que recorrí y recorreré pero sin duda, la gente me decepciona me siento tan incomoda caminando a lado de ellas, hablarles de manera consciente pero al parecer hablo con una pared.

      Creo que me queda hacer es seguir andando por la tierra y difundir lo aprendido  para aquella persona que saben escuchar.

  Escribió Mark Twain en sus crónicas.

“Nadie adquiere una visión amplia, saludable y generosa si se queda en una esquina de la Tierra toda su vida vas a ver que el mundo se va a hacer más pequeño. El obstáculo entonces será tu voluntad, o la falta de ella. Me habría gustado entenderlo más temprano. Que no te pase”. 

Siguiente destino: Quintana Roo.

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