Brasil. ¡Chao Sudamérica!

   img_7317 Este es mi último post que escribo desde este bello continente que es América. Escribo desde muy al sur donde el cielo por las noches brilla con las constelaciones y mi amada “Cruz del Sur”.

     Estoy feliz de regresar a mi tierra después de tener la dicha de recorrer este pedazo de continente por casi 2 años; me viene esta frase de Ernesto “Che” Guevara que entiendo perfectamente ahora después de mi recorrido.

“He nacido en la Argentina; no es un secreto para nadie. Soy cubano y también soy argentino y, si no se ofenden las ilustrísimas señorías de Latinoamérica, me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”…

   

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Pa’Brasilia

Ahora puedo morir y decir que conocí Rio de Janeiro. Mi siguiente camino MINAS GERAIS, pensé que el portugués que venía aprendiendo era óptimo pero cuando llegué a esta provincia realmente cache que no sabía portugués sino portuñol. El acento de Mineiro es más complicado de entender sino sabes el idioma ya que, es más rápido y acortan las palabras. Allí me daría una mano Joao, un amigo que conocí en México y hablaba más norteño que el chile.  Tome la ruta para desde Rio de Janeiro para hacer dedo y llegar a Belo Horizonte. La “Carona” fue buena la mujer me levanto con una linda conversación entre risas y nostalgias me compro una pulsera para que continuará mi viaje; de allí un señor y a lo último un camionero.

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Livia, Tiago e eu em Belo Horizonte.

   Caminaba en la ruta hacia Belo Horizonte veía cuarzo que recogía sin vacilar, algunos opacos y otros brillaban con la luz de sol. Minas Gerais tiene las más importante minas del mundo incluso, tiene el “topacio imperial” en Ouro Preto de mejor calidad. Por desgracia, las minas de Brasil son manejadas por extranjeros. La última carona fue con un camionero muy alegre que me hizo llegar a mi destino. A las 10 de la noche estaba en Belo Horizonte. Allí tenía como a Couchsurfing a Livia y a Tiago una pareja joven super hospitalarios, compartimos anécdotas, música y comida mexicana. Tenía muchas ganas de conocer Ouro Preto un bello pueblo colonial con historia en sus calles empedradas, Livia otra chica de CS me recibió en Marianas que fue la primera capital de Minas Gerais.

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Ouro Preto, Brasil

    

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Joao

Volviendo a Belo Horizonte, volví a ver a un viejo amigo a Joao el brasileño más mexicano que he conocido, me dio una mano por 2 semanas en casa de un lado a otro.  Conviví con sus amigos, padres y recorrer Belo Horizonte con ganas de visitarla de nuevo. Mi siguiente destino, Brasilia, Capital Federal. Dejaba atrás el Pan de queso, el café, la bohemia y a la hospitalidad del minero.

    

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Marianas, Minas Gerais.

Joao me dejo en la ruta hacía Brasilia un abrazo y un “hasta luego” fueron las últimas escenas. A los 5 minutos de estar en la carretera se detiene un camionero al abrir la puerta me hace la seña “tranzar” (quiere decir, tener sexo) con una sonrisa le contesto: “obrigada”. El siguiente, sería el bueno conversando casi 100 km me dejo en Diamantina allí seguía recogiendo más cuarzo el cuál no me cansaba de recoger. Aquí lo gracioso es que allí había una estación de servicio muy grande quiero pensar muy equipada para los camioneros, caminé como 1 km para tomar un buen lugar. Cuando empiezo a ver que suben y suben chicas y yo seguía allí esperando, en verdad no sabía muy bien el porqué de su buena suerte. Eran casi 1 hora y nadie hasta que se detiene un señor y me peguntaba para donde iba y le dije mi destino pero que no importaba quería salir de allí. El hombre me subió hasta otra estación de servicio o sea otros 10 km. Y le pregunte, el por qué de la suerte de las chicas; resulta que esa ruta de 8 km se paran a pedir dedo las “Garotas sexuais” ahí había cachado todo incluso, él pensó que yo era también.

     Al final, solo avance 200 km de los 700 km que me faltaba a Brasilia. Acampé en una gasolinera para alzar el dedo temprano. Fue un día de mucha suerte, dos caronas avanzando 300 km y el último que me llevaría a Brasilia era un camionero coqueto con propuestas de matrimonio pero con toda la buena onda me dejo en la estación de servicio más cerca a Brasilia.

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Ouro Preto, Minas Gerais.

Con mi estómago vacío fui a restaurante a pedir la sobra de comida al cual me dijeron que NO; en todo el viaje era la primera vez que me decía que no en Brasil al pedir comida, regresé a mi casita, me duche y el despachador me pregunto si había comido, le conté la travesía  etc etc, volvió con su compañera de trabajo vi que entraron al lugar a comprar comida y pasan con dos platos. Cuando me iba a dormir el chico se acerca con un plato de comida ¡arroz y carne! Sabía que en Brasil nadie duerme sin comer, comí como vagabunda lave mi plato y agradecí la comida.

Tomé un bus para Brasilia y así fue como conocí la capital federal, iba rumbo al voluntariado a Teresina Goias… Al regreso del voluntariado fui a visitar a mi amiga Fernada que hace un par de año que conocí por internet. Ella vivía en Pirenopolis, convivimos y charlamos, me hizo conocer Brasilia y Goiana. Una semana fue buena para compartir.

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Haciendo dedo para Brasilia, Día 2

Se cumplían los 3 meses ¡tenía que salir! Por desgracia, hice ruta para Campo Grande  capital de Mato Grosso do Sul. Todo un día para salir de Goiana y tomar ruta al sur.

Recuerdo que fue el atardecer más hermoso que vi en mi vida, los atardeceres no CERRADO son el más hermoso que contaré hasta que yo muera. Por toda la ruta, guacamayas en su hábitat natural, tucanes entre otras especies. El último camionero y con mi suerte, viajamos 12 horas. Al final, el hombre se puso pesado como todo camionero brasilero me llegué. Con pocos reales pude llegar a Paraguay donde concluía mi aventura por Brasil.

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Cascadas en la ruta para Pirenopolis –  Brasilia.

No dan los 90 días para visitar Brasil, es un país que tengo que volver de nuevo, en inigualable, con gente alegre y única, aprendí portugués, aprendí que es compartir un plato de comida, aprendí ser solidario, generoso y darle una sonrisa al prójimo, eso me enseño Brasil, eso y más.

Con este término el post de mi aventura por Sudamérica. Gracias infinitamente aquellos que me leyeron estos 2 años por mi recorrido. No pude escribir todo por que no hay manera para hacerlo pero algún día lo contaré.

Gracias infinitas por su aporte monetario y moral. Gracias en verdad.

Regreso a casa contando muchas historias y compartir el conocimiento que Sudamérica sabe dar.

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Fernanda, Zafiro y yo.

¿Dónde será mi próxima aventura? ¡No sé! Pero es seguro que la escriba aquí.

¡GRACIAS TOTALES!