Cerradinho, Voluntariado. Brasil

         Do cerrado, unos de los ecosistemas únicos en el mundo, con una gran variedad de flora y fauna. Un hábitat donde se respira la naturaleza y te sientes vivo con cada montaña a tu alrededor.

        Llegué al Cerradinho por medio de “Helpx.net” quería vivir una nueva experiencia de voluntariado en la naturaleza, aprendiendo un nuevo idioma y conociendo la cultura del lugar. La respuesta fue un SÍ rotundo. Desde Sao Paulo, armaba mi ruta para Teresina Goias el pueblo donde se encontraba la hacienda.

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Ruta 60, Teresinas Goias. Brasil

 La ruta a dedo para Brasilia demoro casi 1 mes pero llegué con 100 reales. De Belo Horizonte a Brasilia fueron dos días de ruta, entre 8 kilómetros de “Garotas sexuais” y cenando pan de queso, café y recogiendo cuarzos en toda la ruta, llegué a Brasilia en las primeras horas de la mañana con una exitosa “carona”. Mi portugués a este punto ya era conversable podía entender casi todo y poder sobrevivir en el país. 100 reales eran mi único plan para llegar hasta Teresinas Goais que aún me quedaba buen de viaje.

     

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Tarde de Pesca

 El camionero durante todo el viaje, coqueteo conmigo incluso intercambiando número de celular para algún día contactar alguna linda mexicana. Despidiéndome de él y con una sonrisa dándole las gracias por el viaje de 6 horas, baje en una estación de servicio, hablé con el despachador para dejarme acampar “Ipiranga” es la gasolinera donde siempre acampe en todo mi recorrido en Brasil, los chicos son muy buena onda, hay regaderas y todo.  Llegué  las 7 de la noche a Valparaiso, Goias a unos 45 minutos de Brasilia capital, con mucha hambre fui a un restaurante a pedir comida ya que no había tenido problema ninguno en este tema en Brasil. Esta vez, la respuesta era un NO con el estomago lleno de agua, me fui armar la carpa y bañarme. El chico se acerco a mi a preguntarme  – ¿Qué hacía por estos lugares? – el cuál le respondí con una sonrisa y cansancio; como todo brasileño, me pregunto si había comido, le platique que había pedido comida pero que no tenían y mucho menos tenía la plata para comprarme comida ya que era lo único que tenía para llegar a Teresina Goias. Él con una seña de “Espera” regreso a su puesto de trabajo y con su compañera vi que fueron a comprar comida para los dos, sentada con mi botella de agua y dormir con el estomago vació de dos días, vi al chico acercarse a mi con una plato de frijoles, arroz y carne. Diciéndome – ¡Come! – y dándole las GRACIAS infinitas TRAGUÉ y medio sentí e sabor de la comida.

 

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Dentro de la Hacienda

A las 7 de la mañana estaba ya rumbo a Brasilia, pagué un colectivo y llegar a la terminal de buses con la voluntad de pagar un ómnibus que me llevará Alto Paraiso. Pagué 60 reales y desde Alto Paraiso a Teresina Goias hice dedo pues, eran 2 horas de viaje. El paisaje de la ruta era excepcional oficialmente estaba recorriendo Do Cerrado.

      Es aquí donde empiezo mi historia del “Cerradinho” la primera persona que me recibió en ese lugar se llama Dade, el cuál, sería el protagonista de mi estancia ahí. Un paraibano de 60 años pero tenía más de 30 años viviendo en Goias, con su acento nordestino muy amable me convido café y al final del día Cuzcuz. Esa tarde sería el comienzo de una linda amistad, complicidad, aprendizaje y enseñanza. Una de las tantas frases y conversaciones que tuvimos una de ellas me dijo : – “Minha filha, nadie vive en la tierra, se camina sobre ella”. No recuerdo las demás que me dijo con sabiduría pero esas quedan en mi fiel memoria personal.

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Yo, Dade y la pareja de franceses a limpiar Bananeras

Como había dicho antes, la dueña es una francesa, me recibió y me instalo en mi refugio de mis próximas semanas. El voluntariado no incluía la comida el cuál logre un trato de trabajar demás con el plato de comida. Conversamos sobre mi, los proyectos que se tenían dentro de la hacienda, esa noche cene, arroz, huevos y tomates. Nos programamos para desayunar juntar. Pan, té, café, mermelada sobre la mesa hecho por ella misma. El almuerzo fue feijao, arroz, pan con agua de limón sin azúcar; la cena lo que sobro del almuerzo. Habían pasado 4 días y la comida seguía siendo la misma, no me quejo de los alimentos pero noté el cambio de menú una semana después

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El desayuno que la familia me preparo el día de mi cumpleaños. Plátano, café y pan hecho a mano.

 Me había dicho que llegarían una pareja de franceses para también colaborar con las tareas de la hacienda. Ella hablaba muy bien portugués y yo estaba en proceso de seguir hablando el idioma. Le pregunté si los chicos hablaban portugués a lo que ella me dijo: -“No, me pueden hablar en inglés” –  con mi negación en la cabeza le afirme que si. “O caseiro Dade” me enseñaba no sólo de la vida sino como trabajar la tierra, el idioma que tanto quería aprender y también me mostró a su familia. Dade,con orgullo me platicaba que tenía 10 hijos y las pequeña Victoria de 3 años. Se caso por segunda vez con una mujer de 30 años que me consentía con café, pan y suculentos platillos DO CERRADO. Recuerdo, que un día antes de mi cumpleaños, me cocino pescado, arroz, spaguetti y frijoles pues, le había dicho que tenía mucho antojo de pescado y otra era la primera visita que les hacía en su casa. También tenía una ARARA (guacamaya) en casa. Esa noche me quede allí y al día siguiente sobre la mesa el desayuno que quizás ni madre me hubiese hecho para mis 28 años.

      Sin mariachis recibí a los chicos franceses que serían mis compañeros por un par de semanas. El trato de nacionalidades fue vidente. El cambio del idioma fue tan rápido que yo deje de entender todo, mi estomago sentía un menú diferente después de 5 días, por fin, comía una pizza con sabor, pastas preparadas con empeño y el cuzcuz dejo de ser almuerzo. En varias ocasiones, no entendía las conversaciones y me entretenía con el celular con WIFI; sentía su alegría al saber que de nuevo hablaba su idioma, su gente y entiendo perfectamente esa sensación nostálgica cuando se esta lejos de su país. Llegué hacer la interprete para Dade de inglés a portugués el cuál llego un momento que no quise hablar para ellos ni para nadie. En un día de almuerzo, Pascale como se llamaba la dueña, me dejo en paréntesis que “terminaré aprendiendo francés” pero diplomaticamente en algunas veces deje entre dichos “Estoy en Brasil y quiero aprender portugués, deberían hacer lo mismo“.

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Trabajando se vive, decía Dade

    Los días y con ella las semanas iban pasando, sentí la preferencia que ella le tenía a los chicos desde la comida hasta mostrar toda hacienda y las tareas que se tenían que hacer con instrucciones en francés y daba aliento para las palabras quizás en portugués resumido. De mi parte, ya no iba ni almorzar ni a cenar, Dade como un padre me iba a buscar incluso, me gritaba a través de las paredes que dividían la casa para ir a cenar con él o cuando estaba su esposa e hijos me invitaban también a ver televisión y platicar de nuestras vidas. Dade me preguntaba – ¿Para que viajas? , ¿Por que sufres viajando sin dinero? entre muchas cuestiones más. Mi respuesta con sonrisa acompañada era: -” Quiero vivir, tengo 28 años no quiero morir sin contarle a mi nietos, sobrinos y amigos que conocí paisajes, países, las maravillas que la naturaleza nos da pero sobre todo de las personas que he conocido en este largo viaje; si estuviese trabajando en México, no te hubiese conocido” – y con una sonrisa en sus dientes postizos, acomodándose el sombrero se empezó a reír.

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Pascale, Axel y yo en la feria artesanal de Teresinas Goais.

En la hacienda las tareas eran muy variadas, entre ellas darle de comer las gallinas, recoger los huevos, cosechar las frutas y verduras que daba en la hacienda, conversar  y tomar el café con Dade por las mañanas, regar por las tardes la huerta, darle de comer a los pescados, hacerle cariños al caballo. Los chicos franceses empezaron hacer una fosa para hacer una nueva bananera. Sin pocas ganas y sin fuerza de voluntad de ayudar ellos hicieron todo el trabajo. Mi comportamiento con todos excepto con Dade cambio, mis días en la hacienda no iban a durar más y una tarde, hablé con Pascale diciéndole que no quería estar más aquí, no me sentía muy bien y prefería dejar.

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Do Cerrado, Teresinas Goias, Goias, Brasil

 Fueron las noches más linda que vi sobre el cielo brasileño, vi las mas bellas constelaciones sobre el cielo del CERRADO, sentarme todas las tardes exactamente entre 4 y 5 de las tarde para ver volar a las “araras”, los tucanes y hablar de la vida con Dade. Tenía que dejar ese lindo lugar que aunque al final no fue lo más grato pero con las mejores personas que puedo llevar en mi corazón viajero. Esas mañanas donde me despertaban el ruidos de las araras y el miedo de los insectos por las noches. Vienen a mi recuerdo cada momento vivido en ese lugar.

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Esposa de Dade, yo y Dade

Me despedí de Pascale y de los chicos limando problemas y hacerles saber que ellos no eran motivo para que yo decidiera irme con anticipación sino eran otras circunstancias. A la mañana siguiente Dade me sirvió el último café y hablamos afinando detalles de mi partida sin antes intercambiar direcciones.  El pulgar listo para llegar a Brasilia, me tomo una de las mochilas Dade y con una cara de tristeza que no sabía si lo volvería a ver en esta vida o es que si regreso a Brasil nos dimos un abrazo infinito con mis ojos inundados de agua me dijo su última frase antes de partir “Minha filha, só pede saude pra mim” fue como viajar 13 años atrás cuando vi a mi padre decirme sus últimas palabras al saber que no lo volvería a ver en esta vida.

   

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Limpiando bananeras

 Al final, mi experiencia en Cerradinho fue excelente pues conocí, CERRADO, un poco de a cultura brasileña, la existencia de “OS KALUNGAS“, compartir feria con la gente de Teresinas, vivir entre la naturaleza y darse cuenta que también habla. Teniendo más de 200 cascadas mundialmente conocidas y fauna única DO CERRADO es un lugar si a Brasil vienes digno de conocerse. 

Espero que la vida le dé a Dade la vida necesaria para volverlo a ver en este vida y sino, será para la próxima.

¡Gracias por leerme! Nos leemos en la próxima.

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